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Opinión de prensa católica



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Bruno Moreno

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¿Dónde están tus cicatrices?

 “Un hombre sabio dijo en cierta ocasión que, cuando comparezcamos ante el tribunal de Cristo, nuestro Señor nos mirará fijamente y preguntará: ‘¿Dónde están tus cicatrices?’. Si respondemos que no tenemos cicatrices, nos lo reprochará, diciendo: ‘¿Es que acaso no había nada por lo que mereciera la pena luchar?’.

Mis queridos amigos, creo que hay algo por lo que merece la pena luchar. La causa de la vida es digna de que luchemos por ella; la causa de Cristo es digna de que luchemos por ella. Cumplamos nuestro deber y sigamos adelante, con decisión, determinación y a pesar de los obstáculos, de modo que algún día podamos enseñar a Cristo nuestras cicatrices”.

Mons. Fabian Bruskewitz, obispo emérito de Lincoln (Nebraska, Estados Unidos), en un acto de Human Life International

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Poco puedo decir después de leer esto. Entre otras cosas, por vergüenza.

Si somos sinceros, el mayor problema de la Iglesia en nuestro tiempo no es la secularización, ni el laicismo, ni la falta de vocaciones, ni las heterodoxias, ni el modernismo. Vivimos en la época del catolicismo blandito. Tenemos obispos blanditos, sacerdotes blanditos y religiosos blanditos, porque los seglares somos blanditos. Y viceversa. Los miembros de la mayoría de las órdenes se horrorizarían si les pidieran que viviesen como vivían sus fundadores. Las penitencias de los padres del desierto se nos antojan propias de seres extraterrestres. Los teólogos y predicadores están dispuestos a decir hoy una cosa y mañana la contraria, si cambian los vientos o peligran sus puestos. Nuestras dificultades y penalidades son muy escasas y no pueden compararse con las de la primera evangelización y, aun así, seguimos sin evangelizar y los emigrantes vienen a nuestro país para apostatar de la fe si la tenían.

Como los cartagineses ablandados por las delicias de Capua, tenemos miedo de perder nuestras riquezas (por escasas que estas sean), nuestra comodidad y nuestro Estado del bienestar. Y, para nuestra vergüenza, por ese miedo hemos transigido con maldades inimaginables, con herejías sin cuento y con la pérdida de las naciones católicas para Cristo, sin hacer prácticamente nada. Europa y América están en plena apostasía, en nuestros países se matan niños inocentes por millones, multitud de clérigos venden la fe y la moral por un plato de lentejas y ¿dónde están nuestras cicatrices? Hemos intentado servir a la vez a Dios y al dinero, y las consecuencias han sido las que tenemos hoy ante nuestros ojos. Visitabo super orbis mala et contra impios iniquitatem eorum.

Cristo, sin embargo, sigue siendo el Señor del universo y de la historia y puede hacer milagros también en medio de una generación cobarde y apóstata como la nuestra. Aún no es tardeConvertimini ad me et convertar ad vos dicit Dominus exercituum. Convertíos a mí y me volveré hacia vosotros, dice el Señor de los ejércitos. El Señor preservará un resto del pueblo santo, porque sus promesas son irrevocables. Y si por servirle tenemos que sufrir un poco, dichosos nosotros: nuestras cicatrices brillarán gloriosas por toda la eternidad en la Jerusalén celeste.



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