Sagrado Corazón de Jesús

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¿Qué es la devoción al Sagrado

        Corazón de Jesús?
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La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, cuando se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. No hay ninguna duda que la devoción está basada totalmente en el simbolismo del corazón. Es decir, que se da debido culto al corazón de carne en cuanto éste simboliza y recuerda el amor de Jesús y su vida emocional y moral.

La devoción al Sagrado Corazón está por encima de otras devociones porque veneramos al mismo Corazón de Dios. Fue Jesús mismo quien, en el siglo XVII, en Paray-le-Monial, Francia, solicitó, a través de una humilde religiosa, que se estableciera definitiva y específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón. las palabras del Señor fueron:

"He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor."

Con estas palabras Nuestro Señor mismo nos dice en qué consiste la devoción a su Sagrado Corazón. La devoción en sí está dirigida a la persona de Nuestro Señor Jesucristo y a su amor no correspondido, representado por su Corazón. Dos, pues son los actos esenciales de esta devoción: amor y reparación. Amor, por lo mucho que Él nos ama. Reparación y desagravio, por las muchas injurias que recibe sobre todo en la Sagrada Eucaristía.

La característica principal de la devoción al Sagrado Corazón debe ser la reciprocidad del amor; su objeto es amar a Jesús que nos ama tanto; pagar amor con amor. Más aún, habida cuenta que el amor de Jesús se manifiesta al alma devota como despreciado y airado, sobre todo en la Eucaristía, el amor propio de la devoción deberá manifestarse como un amor de reparación. De ahí la importancia de los actos de desagravio, como la comunión de reparación, y la compasión por Jesús sufriente. Aunque hay que decir que ningún acto, ninguna práctica, puede agotar las riquezas de la devoción al Sagrado Corazón.


Un poco de historia 

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Ya hemos indicado que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de Iglesia. Sin embargo, hay una fecha concreta en que esta devoción pasó a vivirse con un enfoque determinado; enfoque que lo dio el mismo Jesús a santa Margarita María de Alacoque el 27 de diciembre de 1673.

Los Padres de la Iglesia ya tenían una gran devoción por el Sagrado Corazón. En san Agustín,  san Ambrosio, san Juan Crisóstomo encontramos textos que se "refieren a la Sagrada Llaga del costado de Jesús, a la Sangre y Agua que brotaron de su corazón, de donde recibimos los sacramentos".

Siglos más tarde, nos encontramos ya muchas referencias a las llagas del Señor. Sin fijar una devoción concreta, son muchos los santos y santas que se han referido al Corazón y las llagas de Cristo: San Bernardo de Claraval, Santa Clara, San Buenaventura, Santa Gertrudis, Santa Angela de Foligno, Beato Enrique Suso, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, San Pedro Canisio, San Francisco de Sales, Santa Juana de Chantal.

La propagación del culto público al Corazón de Jesús tiene su origen en las revelaciones místicas que Santa Margarita María Alacoque comenzó a experimentar en Paray-le-Monial (Francia) desde 1673 hasta su muerte en 1690. Entre los primeros difusores del culto se destacan san Claudio de la Colombière, director espiritual de la Santa, y los Padres Juan Croisset y José de Galliffe, que escribieron los primeros tratados sobre aquella devoción. Desde el principio fue una devoción muy ligada a la Compañía de Jesús. También muchas congregaciones religiosas desde ese tiempo adoptaron la devoción. El culto al Corazón de Jesús comenzó a divulgarse lentamente en círculos restringidos a partir de Francia. En las primeras décadas del siglo XVIII ya había empezado a calar en el pueblo cristiano por medio, sobre todo, de la fundación de algunas congregaciones o cofradías del Sagrado Corazón, como ya hemos indicado al tratar el apartado de “Los Papas y la devoción”.

La aspiración principal de santa Margarita era la aprobación pontificia del culto público al Corazón de Jesús, sin embargo hubo que esperar al pontificado del Papa Clemente XIII en 1765 para su aprobación, e incluso limitado a Polonia y a Roma.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús cobró auge al ser acogida como devoción propia de El Apostolado de la Oración (fundado el 3 diciembre 1844 por el P. Francisco Javier Gautrelet, SJ). En 1861 nació, en Francia, la primera publicación para promover la devoción al Corazón de Jesús: El Mensajero. Pronto publicaciones similares surgieron por todo el mundo.

En 1917, en las pariciones de Fátima, el ángel y la Virgen enseñaron a los niños a rezar y responder a los designios de los Corazones de Jesús y María. A partir de Fátima, la devoción a los corazones de Jesús y María prendió como fuego.

En el siglo XX, Santa Faustina (+1938) tiene unas revelaciones místicas en donde Jesús le comunicó Su Corazón expresándole que desea derramar la misericordia de Su Corazón sobre toda la humanidad. Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina.


Los Papas y la devoción

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  Al tratar el apartado de los Papas y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, hemos buscado datos desde el pontificado de Inocencio XII, ya que Sta. Margarita María  falleció en 1690. Según se extendía la devoción, la intervención de los Romanos Pontífices aumentaba. Hasta Pío IX sólo hemos encontrado referencia a la erección canónica de las Cofradías del Sagrado Corazón por parte de los distintos Papas. En un catálogo de la Sagrada Congregación de Ritos se registran nada menos que 1.089 congregaciones del Corazón de Jesús entre los años 1726 hasta 1765. Estaban implantadas en todas las naciones de Europa y hasta en China, India, Persia, América y Oriente Medio.

Las cofradías son congregaciones o asociaciones de fieles, autorizadas por la autoridad eclesiástica, que tienen como uno de sus fines la práctica de una devoción concreta, en este caso al Corazón de Jesús.

El pontificado de Pío IX abrió de par en par las compuertas que dieron paso a la extensión de esta devoción por todo el mundo. En 1856 el Papa, secundando los deseos de muchísimos obispos, extendió la fiesta del Sagrado Corazón a toda la Iglesia. Fue un hecho decisivo. Desde entonces, como afirma un documento litúrgico, “el culto al Sagrado Corazón, como río desbordado, superó todos los obstáculos y se difundió por todo el mundo”. La beatificación de Margarita (18 de agosto de 1864) significaba la aceptación por parte de la Iglesia del núcleo esencial de sus revelaciones. Entre los momentos culminantes de aquella marcha triunfal se debe recordar la consagración de la Iglesia al Sagrado Corazón el 16 de junio de 1875.

Durante el pontificado de León XIII se acentuó el carácter señorial y esplendoroso del culto al Sagrado Corazón. En 1899 el Papa elevó la fiesta del Corazón de Jesús al mayor rango litúrgico (fiesta de primera clase con octava; es decir, ocho días para honrar el Corazón de Jesús). Al traspasar los umbrales del siglo el Papa dispuso, en la encíclica Annum Sacrum (25 de mayo de 1899) la consagración de toda la humanidad al Corazón de Jesús.

San Pío X mandó recitar todos los años en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, el acto de consagración.


Benedicto XV en 1920 canonizó a Margarita María Alacoque.

Pío XI reafirmaba el reinado social de Cristo al instituir la fiesta de Cristo Rey en la encíclica Quas primas (1925), mientras en su encíclica Miserentissimus Redemptor (1928) ensalzaba la devoción al Corazón de Jesús como el compendio de toda la religión y aun la norma de vida más perfecta.

    Pío XII, por último, en su encíclica Haurietis Aquas (1956) trazaba una síntesis doctrinal profunda y definitiva. Con aquel documento puede decirse que se fijaba la doctrina dogmática sobre el       Corazón de Jesús y se aseguraba su culto como un patrimonio irrenunciable de la Iglesia. En este marco general hay que situar Juan Pablo II tiene preciosos y abundantes textos dedicados al Corazón
de Jesús. En 1994 escribió una carta con motivo de 150 aniversario del Apostolado.

Benedicto XVI ha infundido profundidad teológica y aliento pastoral al culto y devoción al Corazón de Cristo. Ya antes de su elección había perfilado la teología del Sagrado Corazón en varios escritos. Como Pontífice incluye la devoción al Corazón de Jesús entre los elementos esenciales de su encíclica Deus caritas est (25 de enero de 2006). El Papa ha expresado el misterio del amor de Dios a través del Corazón traspasado, en la carta conmemorativa de los 50 años de la Haurietis aquas (15-5-2006). Consagró a todos los jóvenes del mundo al Sagrado Corazón en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011.


Santa Margarita María de Alocoque
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  Margarita nació en Borgoña el 22 de julio de 1647 y murió el 17 de octubre de 1690. Pasó su infancia en una pensión de religiosas Clarisas. Siendo muy joven hizo voto de castidad y recibió la Primera Comunión a los 9 años. A los diez años tuvo una enfermedad reumática que le obligó a guardar cama hasta los 15 años. Estando muy enferma hizo una promesa a la Virgen de ser “hija suya” si le curaba; al poco tiempo se curó milagrosamente.

A pesar de la promesa realizada a la Virgen, Margarita se olvidó de sus palabras y comenzó a llevar una vida “tras la vanidad y afecto de las criaturas”. Pasaron de esa forma varios años, en los que el Señor no cejaba de llamarla a la vocación religiosa y ella daba largas. Fue definitivo que le apareciera Jesucristo flagelado haciéndole ver que esas llagas las había sufrido para ganar su corazón.

Aquella visión, sumada a la recepción del sacramento de la Confirmación, fue un punto de inflexión para santa Margarita María, la cual cambió su vida a partir de una conciencia limpia y delicada y un odio y dolor por cualquier pecado. Pido la admisión en el monasterio de La Visitación de Paray-le-Monial, con la oposición de su familia.

Durante su vida en el convento, el Señor la favoreció con muchas gracias y revelaciones. Allí dio ejemplo de caridad y humildad. Hizo su voto de profesión en 1672.

Santa Margarita y el Sagrado Corazón de Jesús

La primera de las Revelaciones fue el 27 de diciembre de 1673, estando arrodillada ante el Santísimo, se le apareció en persona Jesucristo con el corazón, literalmente ardiendo, a la vista y le dijo lo siguiente:

“Mi Divino Corazón, está tan apasionado de amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en el las llamas de su ardiente caridad, es necesario que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición”.

A continuación cuenta Santa Margarita que el Señor “sacó una llama de su adorable corazón” y lo puso junto al suyo, en el costado diciéndole lo siguiente:

 “He ahí, mi bien amada, una preciosa prenda de mi amor, que encierra en tu costado una chispa de sus más vivas llamas, cuyo ardor no se extinguirá ni enfriará, para que te consumas hasta el último instante. Y como prueba de que la gracia que te acabo de conceder no es nada imaginario, aunque he cerrado la llaga de tu costado, te quedará para siempre su dolor y, si hasta el presente solo has tomado el nombre de esclava mía, ahora te doy el de discípula muy amada de mi Sagrado Corazón”.

A partir de aquel momento Santa Margarita tuvo, en su costado una reproducción de la Sagrada Llaga, que, inexplicablemente, se abriría todos los primeros viernes de cada mes, precisamente cuando el Santísimo se le revelaba.

La segunda revelación fue tres meses después. Se le apareció el Sagrado Corazón “en un trono de llamas, mas brillante que el sol, y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas”. Allí fue cuando el Sagrado Corazón empezó descubrir sus intenciones y promesas, como por ejemplo, que “esparciría sus gracias dondequiera que estuviese expuesta su santa imagen”. La tercera revelación que se conoce fue en la fiesta del Corpus Christi de 1674 y allí, después de un “recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias”, como lo cuenta ella, se le apareció el Señor “resplandeciente de gloria, con sus cinco llagas brillantes, como cinco soles y despidiendo de su sagrada humanidad rayos de luz de todas partes pero sobre todo de su adorable pecho, que parecía un horno encendido; y, habiéndose abierto, me descubrió su Sagrado Corazón”. Allí el Señor le hace unas peticiones.

Entre las palabras que el Señor dirigió a santa Margarita María de Alacoque, le dijo que anunciara que daría multitud de beneficios a los devotos a su Sagrado Corazón. Las promesas que hizo son las siguientes:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.

2. Daré paz a sus familias.

3. Los consolaré en todas sus aflicciones.

4. Seré su amparo y refugio seguro durante su vida, y principalmente en la hora de la muerte.

5. Bendeciré abundantemente sus obras que redunden en mi mayor gloria.

6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.

7. Las almas tibias se harán fervorosas.

8. Las almas fervorosas se elevarán con rapidez a gran perfección.

9. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los pecadores más endurecidos.

10. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada.

11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás serán borrados de él.

12. Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso otorgará a cuantos comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán privados de mi gracia ni de recibir los sacramentos, pues mi divino Corazón se convertirá para ellos en seguro asilo en aquella hora postrera.

Ante las revelaciones que santa Margarita decía recibir la Superiora no le creía, siendo eso de gran prueba para la Santa. Todo cambiaría cuando llegó el Padre Claudio La Colombiere. Nada más verlo Santa Margarita oyó en su interior “He aquí al que te he enviado”. Santa Margarita le contó todo al Padre La Colombiere y él la creyó, estaba convencido de que era una señal divina frente al Jansenismo y un don de Dios. Por fin, Santa Margarita María no sería incomprendida por sus superiores.

Entonces, el 16 de julio de 1675 se le apareció el Señor en persona por última vez y dijo lo siguiente:

“He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombre y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, sólo recibe, de la mayoría de ellos, ingratitudes y desprecios. Pero lo que más me duele es que se porten así los corazones que se me han consagrado. Por eso te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón, y que se comulgue dicho día para pedirle perdón y reparar los ultrajes recibidos. También te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia su divino amor sobre quienes le hagan ese honor y procuren que se le tribute.”

Santa Margarita, por orden de la Superiora, puso por escrito todo lo que le había sucedido.


La devoción al Sagrado Corazón en España
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En España la devoción al Corazón de Jesús comienza casi medio siglo después de las apariciones. Los orígenes del culto al Corazón de Jesús en España se sitúan en la década de 1729 a 1739.

Los primeros difusores del culto fueron un grupito de jóvenes estudiantes de teología en el Colegio de San Ambrosio de Valladolid (Compañía de Jesús). Los principales promotores fueron Agustín de Cardaveraz (1703-1770) y Bernardo de Hoyos (1711-1735).

Los dos jóvenes contagiaron la devoción a los Padres Pedro Calatayud (1689-1773), Juan de Loyola (1686-1762), Pedro de Peñalosa (1692- 1772) o Francisco Javier Idiáquez (1711-1790). A ellos se deben los primeros tratados en español sobre la devoción al Corazón de Jesús.

En pocos años, el culto se extendió rápidamente. El pueblo lo aceptaba y muchos obispos lo favorecían.

También en España comenzó la difusión de esta devoción a través de las congregaciones o cofradías del Corazón de Jesús, que brotaron rápidamente a partir de 1733 y en poco más de tres décadas, hasta la expulsión de la Compañía en 1768, se multiplicaron de forma sorprendente. La iniciativa de utilizar las cofradías para extender aquella devoción, se debe al P. Hoyos, que ya en 1733 animaba al P. Calatayud a establecerlas en las misiones populares, a imitación de las que se habían fundado en otras naciones con aprobación pontificia.

A mediados del XVIII ya comenzaron a aparecer las primeras imágenes del Corazón de Jesús en algunas iglesias, muy pocas todavía, en donde se representa el Corazón aislado, conforme a las visiones de Margarita, con la llaga, las llamas y la corona de espinas.

Las expulsiones de la Compañía de España (1767) y la supresión por el Papa en 1773 supusieron el colapso de la devoción que muchos consideradaban “jesuítica”. Cuando los jesuitas retornaron a España en 1815 puede decirse que las manifestaciones externas de la devoción al Corazón de Jesús habían desaparecido casi del todo. Para restablecer las congregaciones corazonistas fue necesario partir casi de cero.

Se retoma la devoción durante la segunda mitad del XIX y la primera mitad del XX alcanzando un gran éxito, llegando a ser una gran multitud las cofradías corazonistas. También en España la devoción al sagrado Corazón de Jesús se extendió de la mano de El Apostolado de la Oración.

Hay que destacar lentronizaciones del sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles, en el centro geográfico de España, con la consagración de toda la nación por el rey Alfonso XIII el 30 de mayo de 1919.


Padre Bernardo de Hoyos
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 Se considera que el Padre Bernardo es el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España.

Nació en Torrelobatón el 20 de agosto de 1711, pero como toda su familia era de Hoyos, se le conoce como Padre Bernardo de Hoyos.

El Beato Bernardo fue educado por unos padres católicos, que decidieron llevarle a un colegio jesuita a los 10 años de edad. Su padre, secretario del ayuntamiento de Torrelobatón murió cuando Bernardo sólo tenía 13 años. Un año más tarde, entró en el noviciado de los jesuitas, y a los 17 años empezó con los estudios de filosofía para hacerse sacerdote.

Con 23 años recibió el Sacramento del Orden Sacerdotal (a pesar de que no tenía edad para ello). Y sólo un año más tarde enfermó de Tifus y murió tras haber recibido la Unción de Enfermos.


Devoción al Sagrado Corazón

El Beato Bernardo jamás había oído hablar del culto del Sagrado Corazón hasta los 21 años de edad, cuando tuvo el encargo de copiar fragmentos de un libro titulado “De cultu Sacratissimi Cordis Iesu”. Entonces, empezó a leer el origen de esta devoción y, según dice, sintió algo que jamás había sentido, un sentimiento con el que se encontraba muy a gusto, se sentía amado.

Al día siguiente, estando adorando al Santísimo Sacramento, Jesús mismo le dijo que quería que él fuese el medio por el cual se extendiese en España esta devoción. Más tarde le aconsejó que tratara este tema con el Padre Juan de Loyola (tiene cierta similitud con la aparición a Santa Margarita María de Alacoque, ya que ella lo tenía que tratar con el Padre la Colombière).

Entonces, el Padre Bernardo de Hoyos se puso en contacto con Juan de Loyola, que se hizo su director espiritual. Bernardo de Hoyos le contó todas sus experiencias místicas y Juan de Loyola comenzó a escribir su biografía que la publicaría cuatro años después de su muerte.

Más tarde, se le apareció a Bernardo de Hoyos el arcángel San Miguel. Éste, le dijo cómo debía difundir la devoción al Sagrado Corazón en España y le recordó que a pesar de que hubiera multitud de dificultades, al final vencería. Esto mismo se lo confirmó el Sagrado Corazón de Jesús cuatro días más tarde cuando le dijo que reinaría en España con más veneración que en muchos otros lugares.


¿Cómo se extiende la devoción?

Desde el padre Bernardo de Hoyos, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús ha ido comprendiéndose mejor. Lo primero que hizo Bernardo de Hoyos fue hablar con Juan de Loyola para que le aconsejara. Más tarde le comunicaron su deseo de expandir la devoción al Sagrado Corazón al entonces rey de España Felipe V. Este, a diferencia de su primo, el rey de Francia, promulgó la devoción y escribió una carta al Papa Benedicto XIII pidiendo Misa y Oficio propio del Sagrado Corazón para todos sus reinos y dominios.

El Papa Benedicto XIII aceptó la propuesta de Felipe V promulgando así la devoción. Sin embargo, desde la muerte de Bernardo de Hoyos hasta principios del siglo XX no se produjo ningún cambio a pesar de que la devoción creciera por momentos.

Otro hecho importante fue cuando el día 30 de mayo de 1919, el rey Alfonso XIII consagró España al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles. Pero la devoción no ha ido a menos desde entonces, ya que en 2009 se hizo la renovación a esta consagración.

Además de estos hechos, se pueden mencionar otros muchos que demuestran lo expandida que está esta devoción en España como por ejemplo: consagraciones de ciudades como Toledo, San Sebastián, Pamplona, Valladolid, etc.

Por otra parte, la devoción continua extendiéndose a través de instituciones como la fundación Balsemiana y Schola Cordis Iesu.

Por último, el Papa Benedicto XVI ha querido mostrar la importancia de esta devoción consagrando a todos los jóvenes del mundo al Corazón de Cristo en las JMJ que tuvieron lugar en Madrid.


Solemnidad Litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús
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El viernes después de Pentecostés la Iglesia celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Es una fiesta de origen relativamente reciente y se debe a la petición que le hizo Jesús mismo en una de sus apariciones a Santa Margarita María de Alacoque para que extendiera la devoción a su Sagrado Corazón:

“He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombre y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, sólo recibe, de la mayoría de ellos, ingratitudes y desprecios. Pero lo que más me duele es que se porten así los corazones que se me han consagrado. Por eso te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón, y que se comulgue dicho día para pedirle perdón y reparar los ultrajes recibidos. También te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia su divino amor sobre quienes le hagan ese honor y procuren que se le tribute.”

Desde ese momento, Roma empezó a estudiar lentamente las apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María de Alacoque y la importancia de esta nueva devoción. Pero hubo de pasar casi 100 años hasta que la Santa Sede autorizó a los obispos polacos la celebración de esta fiesta.. Solamente en 1856, el papa Pío IX la hizo extensiva a toda la Iglesia. En los años siguientes creció en rango e importancia, así como en popularidad.

 

Liturgia

 Desde que el Papa Pío IX instauró esta fiesta, ha sufrido diversos cambios en cuanto a la Liturgia de las Horas: el más importante fue el llevado a cabo bajo la revisión del Papa Pío XI.

Hoy en día, en la celebración de la Eucaristía, el leccionario ofrece tres lecturas diferentes según el ciclo en el que se esté (cada año litúrgico es un ciclo A, B, o C y se van cambiando las lecturas según el ciclo)

Por una parte, en el ciclo A, se lee el evangelio de Mateo 11, 25-30

En el ciclo B se lee el evangelio de Jn 19, 31-37

Por último en el ciclo C se escucha el evangelio de Lc 15, 3-7

 Los textos que se leen en la misa de la festividad del Sagrado Corazón están cargados de significado de lo que esta fiesta representa; amor, perdón, misericordia del Señor…

 La  oración colecta –que es una de las oraciones de la Misa- en la solemnidad litúrgica del Sagrado Corazón, tiene dos posibilidades. En la primera se recuerdan los beneficios del amor de Cristo hacia nosotros y se refiere al Corazón de Cristo como fuente de toda gracia y bendición. En la segunda se ve en este Corazón herido de una llaga por nuestros pecados los infinitos tesoros del amor de Cristo.

 En el Prefacio (es la oración que se hace antes de llegar al momento cumbre de la misa, que es la consagración) se recuerda el Calvario (muerte de Cristo para redimirnos), su costado traspasado y el Corazón abierto, del que mana todas sus bendiciones.

 Con todo esto surge el misterio pascual: “sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación”, ya que elevado sobre la cruz derramó sangre y agua para que se pudieran celebrar los sacramentos de la Iglesia.


Oraciones al Sagrado Corazón
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Son muchas las oraciones y letanías al Sagrado Corazón que podríamos poner en este trabajo. De hecho, al buscar oraciones hemos encontrado innumerables ejercicios piadosos dirigidos al Corazón de Jesús: letanías, novenas, consagración al Corazón de Jesús, ofrecimientos, etc.

Como el motivo de este trabajo no es recopilar estas oraciones, solamente hemos colocado tres oraciones atribuidas a tres santos: Beato Juan Pablo II, San Josemaría y Beato Newman.  Al final ponemos unas direcciones Webs en donde se pueden encontrar muchas oraciones al Sagrado Corazón.

La oraciones de Beato Juan Pablo II y Beato Newman son para dirigirse al Corazón de Jesús, mientras que los textos de san Josemaría están más enfocados a la oración mental con el Sagrado Corazón.

 

Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

 Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos las gracias por todo lo que Tú eres y todo lo que Tú haces por la pequeña grey y los doce millones de personas que viven en esta archidiócesis de Delhi, que abarca también a los que han sido confiados para la administración de esta nación.

 Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna.

 Reunidos juntos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, nos consagramos a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.

 Al consagrarnos a Ti renovamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordioso y pleno amor.

 Señor Jesucristo, Rey de amor y Príncipe de la paz, reina en nuestros corazones y en nuestros hogares. Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón. ¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos!

 Amén.

Beato Juan Pablo II

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Sacratísimo y muy amado Corazón de Jesús, estás oculto en la Santa Eucaristía y sufres aún por nosotros. Ahora como entonces dices desiderio desideravi, “con deseo deseé”. Te venero, pues, con todo mi mejor amor y reverencia, con mi ferviente afecto, con mi mayor sumisión y la más resuelta voluntad. Dios mío, cuando condesciendes a sufrir que te reciba, te coma y te beba, y por un momento estableces tu morada en mí, haz que mi corazón lata con el tuyo. Purifícalo de todo lo que es terrenal, de todo lo que es orgullo y sensualidad, de todo lo que es duro y cruel, de toda perversidad, de todo desorden, de toda mortandad. Llénalo tanto de ti, que ni los acontecimientos del momento ni las circunstancias de la época tengan poder de alterarlo, sino que en tu amor y en tu temor pueda hallarse en paz.

Beato Newman

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 “¡Cómo me gusta contemplar a Juan, que reclina su cabeza sobre el pecho de Cristo!  Es como rendir amorosamente la inteligencia, aunque cueste, para encenderla en el fuego del Corazón de Jesús”.

San Josemaría;  Forja 496, 

 

“Un cristiano pasivo no ama con el Corazón de Jesús” y “En la Iglesia descubrimos a Cristo, que es el Amor de nuestros amores. Y hemos de desear para todos esta vocación, este gozo íntimo que nos embriaga el alma, la dulzura clara del Corazón misericordioso de Jesús”.

 San Josemaría; Amar a la Iglesia

 

 “Si ofreces tus horas de trabajo conviertes, de un modo práctico y sencillo, la contemplación en apostolado, como una necesidad imperiosa del corazón, que late al unísono con el dulcísimo y misericordioso Corazón de Jesús”.

 San Josemaría; Amigos de Dios

 



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