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Tribuna



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Publicado el 07/02/2019

(La octava palabra de Cristo en la Cruz)

UNA PALABRA HABLÓ EL PADRE

El Padre Raniero Cantalamessa dice que no es arrogancia intentar penetrar en el misterio del grito último de Jesús en la Cruz y descubrir su contenido. Y hay una razón objetiva: puramente dogmática, teológica, que nos autoriza hacerlo. Y esa razón se llama inspiración bíblica. Toda la Escritura está inspirada por Dios. Dice la Segunda Epístola de Pedro (1, 21): “Hombres como eran, hablaron de parte de
Dios movidos por el Espíritu Santo”.

Y si hay alguien que conoce el secreto de aquel grito, ese es el Espíritu Santo, que inspiró todas las Escrituras y también ese grito. Y el Espíritu
Santo suele explicar en un lugar de la Escritura lo que dejó sin explicar en otro. El Espíritu Santo explica con palabras inteligibles lo que otras veces dice con gemidos inefables.

El Espíritu de Dios estaba dentro de Cristo y durante toda su vida fue su compañero inseparable para todo. Jesús todo lo que hizo y todo lo que vivió, lo hizo en el Espíritu Santo. Y también su grito en la Cruz fue un grito en el Espíritu Santo, no fue simplemente el grito de un moribundo.


Madre Olga María del Redentor, cscj


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