UPAP de la Marina
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Tribuna



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Publicado el 22/01/2019

(Diálogos con Cristo desde un corazón enamorado)


Ven Tú, Jesús, que eres el único “descanso posible para nuestro esfuerzo”, la única tregua real y verdadera de todos nuestros trabajos y fatigas. Tú eres, oh Espíritu, ese soplo suave, esa brisa que acaricia en esas horas difíciles en que el calor asfixia. “¡Ven, brisa en las horas de fuego! ¡Ven Tú, que eres el único gozo, el único consuelo capaz de enjugar nuestras lágrimas, capaz de aliviar nuestras tristezas, el único que sabe de verdad confortarnos cuando algo nos duele!

 

¡Ven, Señor! ¡Ven, Dios Espíritu Santo “¡Ven y entra hasta el fondo del alma! ¡Entra hasta esa esencia de mí, que solo Tú puedes penetrar! Entra hasta ese santuario íntimo que solo Tú puedes acceder y enriquéceme, lléname de Ti, dame vida eterna, transforma mi riqueza íntima en tesoro, en te-soro eterno. ¡Enriquéceme!

 

¡Mira mi vacío cuando Tú faltas! ¡Mira mi dolorosa soledad interior cuando Tú me faltas por dentro! ¡Mírame a merced del pecado si me faltas Tú, si me falta tu aliento! ¡Qué doloroso vacío! ¡Qué terrible ausencia si Tú no vienes a mí! ¡Qué frágil, qué pequeña, qué pobre me siento frente a la tentación y frente al pecado si Tú no envías tu aliento! 

Madre Olga María del Redentor, cscj


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